Y de golpe todas las defensas de cayeron.  Meses de práctica en ésto de superarlo, de seguir adelante, de entender que estas cosas pasan, y...

Y de golpe todas las defensas de cayeron. 
Meses de práctica en ésto de superarlo, de seguir adelante, de entender que estas cosas pasan, y de repetirme una y otra vez que ya pasé por esto, y que de la misma manera que antes pude salir adelante también puedo volver a hacerlo ahora…
Cerrar los ojos, respirar profundo, dar las gracias por haberte conocido, y desearte toda la felicidad del mundo… Y soltar… Y si no funciona: repetir el procedimiento. 
—¿Servirá de algo todo esto?
— Callate, no discutas con miles de millones de TeraBytes de poesía virtual. Aplicá la técnica y punto.
—Lo hago. Juro que lo hago. Todos los días, a cada rato. Y salgo, me distraigo, sonrío, conozco personas nuevas, mantengo mi cabeza ocupada, pienso en mi futuro, te quito de mis sueños y objetivos, y sigo…
Piloto automático: recuéstese y relájese.
Pero después me choco contra una miserable señal de vida, de tu paradero, y todos los protocolos racionales se hacen m i e r d a .
Disculpen, ¿alguien vio mi lógica? La tenía hace un toque acá, conmigo, y de golpe ya no estaba. Che… qué calor, ¿no…? Ah, no ,jeje… es fiebre. ¡Apa!, ¿y esta taquicardia…? ¿Y esta respiración…? ¿Por qué estoy apretando los dientes…? ¿Por qué se me tensan los músculos…? ¿Me estaré volviendo loco...? No, si me estuviera volviendo loco ya estaría escribiendo puras hynkoerënsias.
…Hoy, ahora, acá, y después de mucho tiempo; me voy a permitir perder el control, a dejar de intentar ser maduro y emocionalmente sano. Voy a admitir que te extraño mucho y que estoy muy enojado con alguien o con algo porque las cosas terminaron así. ¡Y la reputísima madre que los re parió!. Dentro un rato, o mañana, o cuando se me pase, voy a volver al careteo de hacerme el superado, y al intento de alcanzar un sincero y profundo deseo de que seas feliz, aunque no sea conmigo.
Tírense a un pozo, Shelbyville.




Quedate un toque más, todavía no te vayas. Desde que llegaste, me hacés muy bien. Y es que anduve medio bajón por varios meses...


Quedate un toque más, todavía no te vayas.
Desde que llegaste, me hacés muy bien.
Y es que anduve medio bajón por varios meses.
Hasta ese día en que te llevaste mi cerebro, sin querer.

Igual, no me quejo, te soy sincero,
Ese cerebro pensaba muchas boludeces,
Así que un poco de silencio mental está bastante bueno,
Aunque cualquier trabajito intelectual me re contra cueste.

Es que eso de “soltar”, “dejar ir”, y todas esas giladas,
Cuestan como la san puta, sabrás lo que es,
Le metés pilas, y terminás con la cabeza re limada;
Aflojás un toque, y la muerte te empieza a caer re bien.

Pero un día te me cruzaste, y me dejaste re flasheado
Con cara de pavote, la boca abierta y un hilo de baba.
Pareciera que a Cupido se le había roto el arco,
Porque en vez de un flechazo, me cagó a puñaladas.

Y acá estoy, preguntándome cuándo te veo…
Quizás nunca me acuerde del cumple de mi vieja,
Pero de esto siempre me acuerdo:
A las nueve, todos los martes y los jueves. 

Malabares con fuego en El Circo de las Quejas, O todos disfrutan de lo que dicen sufrir, O todos sufren de lo que dicen disfrutar,...


Malabares con fuego en El Circo de las Quejas,
O todos disfrutan de lo que dicen sufrir,
O todos sufren de lo que dicen disfrutar,
O nadie entiende ni la carcajada ni el desconsuelo…
Las equilibristas recorrieron veinte metros de cuerda floja cargando ciento cincuenta kilos, y al llegar a la meta, se arrojaron de cabeza a la piscina con pirañas. Nadie rió porque ninguna de las suicidas dejó en claro si lo sufría o lo disfrutaba, si lo elegía o si sólo acataba…
Un matrimonio de trapecistas recitó un poema muy viejo y muy mediocre que conmovió hasta las lágrimas, y se ganó los aplausos de pie cuando sucumbieron a las sogas mal atadas de los trapecios, cayendo sobre un nido de topos hecho de topacio y bañando con muerte el típico tópico de la tragedia romántica tipo.
Pero ni los animales muriendo de hambre que bailaron de pie por comida, ni los fenómenos que se dejaron humillar para que no los maten después de la función, ni ningún otro morboso espectáculo infrahumano despertaba mas sensaciones como los prolijos, hipnotizantes y a penas inverosímiles malabares con fuego del Circo de las Quejas.

Alguna vez me permití llorar, alguna que otra vez me permití bajar los brazos y caer de rodillas, y más de una vez me consideré un...


Alguna vez me permití llorar,
alguna que otra vez me permití bajar los brazos y caer de rodillas,
y más de una vez me consideré una pobre víctima de las circunstancias...
Pero ahora, no hay tiempo,
este es el penúltimo momento y solo se puede y se debe seguir.
Ahora no hay tiempo para otro tipo de cosas,
es tiempo de sacar a la luz,todo lo aprendido gracias a ello.
Tengo que levantarme, sacudirme las rodillas y respirar profundo para calmar el ardor de los ojos.
Tengo que inflar el pecho con valor y reemprender la marcha.
Hay tantas cosas por hacer y tan poco tiempo, que a penas se me hace suficiente...

Cada grano de arena espera en una cuenta regresiva suicida,
y yo no puedo deshonrar tal sacrificio deteniéndome por nimiedades.
Hay que seguir.

Qué tristeza me da ver a la Nube, que viene arrastrando sus llantos y sus lluvias por tantos lados... Que viene disminuida, humillada,...


Qué tristeza me da ver a la Nube, que viene arrastrando sus llantos y sus lluvias por tantos lados...

Que viene disminuida, humillada, reducida... casi como una simple almohada de vapor donde se recuestan los ángeles a dormir la siesta...

Nadie sabe, que el viento la trae desde las glorias de sus primeros días, cuando cubría majestuosa todo el cielo de África, o cuando nublaba las tardes de Brasil, o daba sombra a las tumbas en Malvinas,

Nadie sabe que viene cansada, angustiada y débil... a llorarle a su mas preciada montaña, en cuyo regazo yacía la nieve, cual capullo donde nació.

Tras darle la vuelta al mundo en 180 días... vuelve al mismo lugar donde partió:

a su amada montaña fría, inmóvil, impenetrable, inamovible…

A su amada montaña que- como siempre- ignora su llegada.

Qué tristeza me da ver a la Nube, abrazando tiernamente a la indiferente montaña

Qué triste es ver... ese último beso tan frío, y a la vez tan cálido, en que la Nube sucumbe derrotada y feliz sobre unas mejillas ásperas, allá, en la cima de los Andes, rogándole al deshielo que ya no la despierte, nunca más.

Y acá va el boludo, kamikaze-mente, a meter otra vez la cabeza  en la colmena estéril... Extraña tanto el sabor de la miel,  que se conf...

Y acá va el boludo, kamikaze-mente,
a meter otra vez la cabeza 
en la colmena estéril...
Extraña tanto el sabor de la miel, 
que se conforma con el dulce pinchazo de un par de aguijones...

Fue primicia. Según fuentes oficiales, en la madrugada de hoy, habrías asaltado la soberanía de mis sueños, a mano armada con recuerdos de g...

Fue primicia.
Según fuentes oficiales, en la madrugada de hoy, habrías asaltado la soberanía de mis sueños, a mano armada con recuerdos de grueso calibre, y habrías exigido la proyección onírica de tu presencia. 
Más tarde, por la mañana, se habría corroborado que no estabas, que hace tiempo que no estás, y que probablemente no vuelvas a estar. Se aguardan datos estadísticos de organismos competentes.
Se desconocen aún los motivos del suceso, pero se estarían manejando diferentes hipótesis con reconocidos profesionales, entre los que estaría el Dr. Freud, quien propondría que ciertos pensamientos de mis horas de vigilia se habrían colado en mi subconsciente y manifestado en mis sueños como una liberación de mis deseos reprimidos.
El damnificado se habría negado a informar el siniestro a las autoridades ni a dar nombres de responsables o sospechosos, justificándose con el consejo de familiares y amigos de que simplemente me deje de joder, y que deje pasar el tiempo, que el tiempo cura las heridas, que no hay mal que por bien no venga, etc.
Finalmente, el afectado habría declarado, que se te estaría extrañando demasiado…


Toqué el timbre muchas veces. Después de los novecientos doce llamados perdí la cuenta. No había piedritas en la vereda y no consegu...


Toqué el timbre muchas veces.

Después de los novecientos doce llamados perdí la cuenta.
No había piedritas en la vereda y no conseguí nada liviano con qué golpearte la ventana.
Pero me quedaba una hoja de papel y ese lápiz que me regalaron al que le sacás punta todo lo que quieras que total no se gasta nunca. Y te escribí una nota que dejé debajo de la puerta.
Me voy porque si bien hace calor, está lloviendo demasiado y ya me mojé lo suficiente, y además quiero llegar temprano a casa.
Ahora que lo pienso, no me acuerdo en qué idioma escribí la nota, pero estoy seguro que en algún momento me vas a entender. Si en ese momento todavía ando medio cerca, me vuelvo y hacemos unos mates. 
Un rato. 
Al menos.